6.4.2. Efectos secundarios del trasplante alogénico

El alo-TPH puede generar diversos efectos secundarios, tanto a corto como a largo plazo, derivados fundamentalmente de la enfermedad del injerto contra el huésped (EICH), la toxicidad de los tratamientos de preparación y las infecciones que pueden ocurrir.

La enfermedad del injerto contra el huésped es una complicación debida a la incompatibilidad relativa entre el donante y el receptor. Si bien el donante y el receptor son compatibles, no son iguales al cien por cien. Estas diferencias residen en diferentes sistemas de compatibilidad que aun no están bien caracterizados y que por tanto, no se estudian rutinariamente en las pruebas pre-trasplante. Esto hace que un tipo de células que se le transfunden al paciente durante el trasplante, los linfocitos del donante, puedan reconocer como “extraño” al organismo del paciente transplantado y tiendan a atacarlo. Como consecuencia, algunas personas presentan graves complicaciones que, si no responden bien al tratamiento, pueden derivar en el fallecimiento. Sin embargo, la EICH suele acompañarse de una fuerte reacción contra las células de la leucemia que quedan en el paciente y que puede contribuir a su eliminación. Es el denominado efecto del injerto contra la leucemia, que es la clave para el éxito del trasplante alogénico. Por tanto, una forma leve de EICH se considera beneficiosa, pues reduce el riesgo de recaída de la leucemia.

6.3. Quimioterapia

Los medicamentos de quimioterapia son fármacos que frenan el crecimiento de las células leucémicas pero no de manera selectiva, ya que afectan también a las células normales del organismo. Con ellos se puede normalizar la cifra de glóbulos blancos y el tamaño del bazo, pero tienen el inconveniente de no actuar sobre las células madre con el cromosoma Ph, por lo que no pueden curar la enfermedad ni evitar su evolución a las fases más agresivas. Ya no están indicados como una primera opción de tratamiento en la LMC en fase crónica. Los principales medicamentos de este tipo usados son la hidroxiurea, la citarabina y el busulfan. En la fase blástica la quimioterapia combinada con agentes como la daunorrubicina, vincristina, ciclofosfamida, citarabina o metotrexate puede ser recomendable además de los TKI.

La hidroxiurea todavía se utiliza al principio de la enfermedad, de forma transitoria, para reducir el número de glóbulos blancos defectuosos y evitar comenzar a usar los TKI con altos niveles de células tumorales, lo que podría producir efectos secundarios inconvenientes y también en casos puntuales en los que no se considera oportuno un tratamiento con TKI. La citarabina se ha utilizado junto a los TKI, pero los resultados no han sido mejores, por lo que esta combinación se ha abandonado. El busulfán ya no está recomendado para la LMC, salvo en la preparación para el trasplante alogénico, donde se utiliza en dosis altas durante unos pocos días. El principal efecto secundario de la quimioterapia es la toxicidad sobre la médula ósea, pero también se pueden producir otros efectos, como la pigmentación y daños pulmonares derivados del uso del busulfán y las llagas en la boca o úlceras en piernas, por la utilización de la hidroxiurea.

Los pacientes con LMC en fase blástica pueden ser tratados con esquemas de quimioterapia combinada similares a los utilizados en el tratamiento de las leucemias agudas, con agentes como la daunorrubicina, vincristina, ciclofosfamida, citarabina o metotrexate, además de los TKI.

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Sabías que…

El Día Mundial de la LMC se conmemora el 22 de septiembre porque el origen de la enfermedad procede del intercambio de material genético entre los cromosomas 22 y 9.