3.4. ¿Qué pruebas se realizan al paciente con LMC?

La LMC se sospecha al encontrar en el análisis de sangre un número elevado de glóbulos blancos, en particular con un aumento de los granulocitos y en menor medida de los basófilos. Las cifras de leucocitos con las que se llegan a diagnosticar los pacientes con LMC pueden oscilar entre tan solo 15.000/mm3 y hasta más de 500.000/mm3.

En la práctica, lo habitual es que sea el médico de cabecera quien tenga la primera sospecha del diagnóstico de la LMC. Al atender al paciente puede realizar un examen físico encontrando un aumento del tamaño del bazo (esplenomegalia) y solicitar un análisis de sangre que muestre la leucocitosis.

Con estas anomalías de sospecha de LMC, remitirá al paciente al hospital para que sea visto por un especialista en las enfermedades de la sangre (hematólogo), que confirme o no el diagnóstico y complete el estudio solicitando las pruebas pertinentes, con otros análisis de sangre más completos y específicos y a los que el médico de cabecera no tiene acceso directo normalmente porque se realizan en el hospital.

El hematólogo valorará las condiciones de salud del paciente, los síntomas de presentación de la LMC, la existencia de otras enfermedades y revisará otros tratamientos que pueda estar siguiendo por si pudieran interferir con los medicamentos que utilizará para tratar la LMC. Suele ser necesario realizar las siguientes pruebas complementarias para evaluar la LMC y antes de iniciar el tratamiento:

  • Hemograma y frotis de sangre

Además de la leucocitosis, es típico que aparezcan en la sangre diversos tipos de glóbulos blancos inmaduros, que están normalmente en la médula ósea pero no en la sangre y para valorar adecuadamente su presencia o no, hay que examinar un frotis de sangre al microscopio por un médico experimentado. Suele haber también anemia moderada y elevación de las cifras de plaquetas (trombocitosis).

  • Bioquímica completa

Las pruebas bioquímicas en sangre suelen mostrar una elevación de los niveles de ácido úrico, una proteína llamada lactato deshidrogenasa y menos frecuentemente, pruebas que muestran la función del hígado alterada.

  • Estudio de médula ósea

Puesto que el lugar de origen de la LMC es la médula ósea, la primera exploración que debe hacerse para saber si una persona tiene esta enfermedad y en qué fase se encuentra, será realizar un aspirado de la médula ósea. Esta prueba consiste en obtener una pequeña muestra de la médula ósea mediante una punción en el hueso del esternón (el hueso plano que se encuentra en la parte central y anterior del pecho, uniendo las costillas) o en la cadera, con el objetivo de estudiar las células madre sanguíneas. La extracción se realiza utilizando una aguja que atraviesa la piel y el hueso. Suele hacerse con anestesia local en la zona, porque la aspiración es algo dolorosa. El aspirado de médula ósea se realiza generalmente de forma ambulatoria (no es necesario que el paciente esté ingresado) y su realización dura entre diez y quince minutos, si bien la extracción en sí no lleva más allá de uno o dos minutos. Las muestras de la médula ósea se estudian para analizar la morfología y composición de las células hematopoyéticas, el estudio genético y las pruebas de genética molecular, como veremos más adelante.

En ocasiones el médico solicita también una biopsia de la médula ósea. A través de la biopsia se obtiene una muestra sólida del hueso, en forma de un pequeño cilindro, que queda atrapado en el interior de la aguja de la biopsia. Su estudio puede aportar información valiosa para distinguir la LMC de otras enfermedades o establecer la fase en la que está la LMC. A diferencia del aspirado, la biopsia requiere más tiempo y es más dolorosa. Por este motivo, se realiza con anestesia local e incluso el médico puede decidir administrar medicamentos por vía intravenosa para conseguir una sedación suave, a fin de evitar el dolor durante la realización de la prueba. En los días siguientes puede notarse algo de dolor en la zona de la biopsia, que suele remitir con calmantes.

  • Electrocardiograma

Es necesario para comprobar el estado de salud del corazón del paciente y asegurar que no existen anomalías del ritmo cardíaco que puedan verse agravadas con el tratamiento de la LMC.

  • Radiografía de tórax

La radiografía de tórax forma parte del chequeo habitual que se realiza a un paciente para detectar alteraciones cardiopulmonares que puedan haber pasado desapercibidas o si se han encontrado, estudiarlas con más detalle.

  • Ecografía por ultrasonidos o Tomografía Axial Computerizada (TAC) del abdomen

Se realiza para medir bien el tamaño del bazo y el hígado en la LMC y detectar la existencia de hemorragias que comprometan el funcionamiento adecuado del hígado y los riñones. Esta prueba también se realiza durante el seguimiento del paciente para comprobar que, con el tratamiento, se normalizan los tamaños del hígado y el bazo.

2.3.1. ¿Qué son los glóbulos rojos, hematíes o eritrocitos?

Los glóbulos rojos son discos bicóncavos (como una esfera hueca aplanada en sus dos polos) que contienen la hemoglobina, una sustancia rica en hierro cuya función es transportar el oxígeno. El oxígeno del aire es captado por la hemoglobina en los capilares (vasos sanguíneos de un grosor mínimo) de los pulmones y es llevado a todas partes del cuerpo dentro de los glóbulos rojos para llevar el oxígeno a todas las células de nuestro organismo, que lo necesitan para vivir.

La hormona que regula la formación de glóbulos rojos se llama eritropoyetina y se produce en unas células de los riñones. La función de la eritropoyetina es estimular a la médula para que forme más glóbulos rojos. Se puede administrar una hormona sintética muy parecida a la eritropoyetina en una inyección cuando la producción de los glóbulos rojos ha disminuido como consecuencia, por ejemplo, de la insuficiencia renal o por efecto de la quimioterapia.

Los glóbulos rojos tienen una vida media de unos 90 a 120 días y una vez llegados a su fin se eliminan en el hígado y el bazo. Para que se formen los glóbulos rojos, la médula ósea necesita hierro, vitamina B-12, ácido fólico y vitamina B-6, entre otros elementos. Es muy importante incluir en la dieta alimentos que te aporten estos nutrientes.
Los parámetros con los que se expresa el contenido en glóbulos rojos de la sangre son el recuento de glóbulos rojos, la concentración de hemoglobina y el hematocrito, que es el porcentaje del volumen total de la sangre compuesto por glóbulos rojos. Las cifras normales de estos valores son:

  • Glóbulos rojos: de 4,5 a 6 millones por milímetro cúbico para los hombres y de 4 a 5,5 millones por milímetro cúbico para las mujeres.
  • Hemoglobina: para los hombres es de 14 a 18 gramos por 100 mililitros de sangre y de 12 a 16 gramos para las mujeres.
  • Hematocrito: lo normal es que oscile entre el 42 y 54% para el hombre, y el 38 y 46% para las mujeres.

Cuando hay una pérdida de sangre o existe una disminución de la producción de glóbulos rojos en la médula, como ocurre por ejemplo con las hemorragias, ciertas enfermedades o por el efecto de la quimioterapia, estos valores descienden, hecho que conocemos como anemia. Si su descenso es leve, la persona puede notar una cierta fatiga, pero si el descenso es más pronunciado puede sentir cansancio, mareo e incluso dificultad para respirar. Para ayudar a recuperar la anemia es muy importante que mantengas una alimentación rica y suficiente y tomes alimentos que contengan hierro. Además, el médico te indicará, si es necesario, suplementos de hierro y vitaminas, inyecciones de eritropoyetina e incluso una transfusión sanguínea.

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Sabías que…

El Día Mundial de la LMC se conmemora el 22 de septiembre porque el origen de la enfermedad procede del intercambio de material genético entre los cromosomas 22 y 9.